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Lidiando con los problemas de salud y las operaciones

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Etiqueta: bebés y niños pequeños, problemas de salud, operaciones

Casi todos los niños tendrán un problema de salud en algún momento, sea alguna de las enfermedades típicas de la infancia como la varicela, o padecer de afecciones como asma o eccema o, incluso, requerir tratamiento hospitalario por enfermedades o lesiones graves.

No importa qué tan insignificante sea su dolencia: ver a tu niño en medio del dolor y sentirte impotente por no poder ayudarle es una de las sensaciones más duras que puede enfrentar un padre.

Aunque no siempre podrás hacer que ese dolor o enfermedad desaparezcan, hay cosas que puedes intentar para que el hecho de estar enfermo o en el hospital sea menos estresante para ti y tu niño.

Hablen acerca de lo que ocurre

Si bien podrías sentirte tentado a no hablar demasiado con tu niño sobre su enfermedad o el tratamiento que le corresponde seguir, es posible que unas explicaciones sencillas, honestas y tranquilizadoras hagan que éste deje de estar asustado o confundido respecto a lo que le está pasando.

Más bien, estimula a tu niño a que hable de lo que le está pasando y que haga sus propias preguntas.

Contesta con sencillez y honestidad cada una de sus preguntas. Procura esperar que tu pequeño haya entendido y asimilado la respuesta antes de ofrecerle una nueva información.

El conocimiento es poder

Otra cosa que puede ayudar a mantener la calma en la situación es que tú te equipes con tanta información como sea posible sobre la afección de tu niño, de la operación que le harán o del tratamiento que tiene que seguir

Si tu hijo padece de alguna afección de salud, puede ser de gran ayuda comprender cómo funciona esa parte de su cuerpo y por qué necesita el tratamiento que le están suministrando. Busca libros o juegos apropiados para la edad del niño que pueden ayudarlos a explorar juntos.

Prepararse para una operación o una estancia hospitalaria

Tener a un hijo en el hospital o ante la inminencia de una operación puede ser una de las situaciones más estresantes que puede experimentar una familia. Sin embargo, se pueden hacer muchas cosas para prepararse bien –tú y a tu niño– y hacer que todo sea lo más relajado posible.

Muchos hospitales envían por anticipado información sobre el tratamiento, o cuentan con recursos en línea para ayudarte a planificar con antelación. A veces, incluso, pueden visitar el hospital antes de la operación para que el niño conozca los espacios y los rostros involucrados en el procedimiento.

  • Háblale de la visita al hospital con un lenguaje sencillo y directo.
  • Fíjate si se puede visitar de antemano la sala o del departamento correspondiente para que el niño se vaya familiarizando.
  • Invita a tu niño a hacer preguntas.
  • Tranquilízalo. Dile que es normal estar asustado y asegúrale que siempre puede acudir a ti si está preocupado o siente dolor.
  • Ten en cuenta la antelación con que hablarás con tu hijo de su estadía en el hospital. Para los niños de 2-3 años de edad, dos o tres días antes (y una vez más el propio día) está bien, pero para los de 4-7 años, es recomendable comenzar a hablar del asunto con una semana de anticipación.
  • Algunos niños pueden disfrutar de participar en la preparación, bien empacando maleta para el hospital o eligiendo el juguete que se llevará.
  • Si tu niño tiene necesidades especiales habla con el personal del hospital de manera anticipada: muchos hospitales ofrecen la facilidad de registrar estas particularidades con anticipación y poder así estar listos para atenderte a ti y a tu niño.

Cuídate a ti misma

Si tu hijo está enfermo, bajo tratamiento médico o va a someterse a una cirugía, es natural que tu foco esté enteramente con él. Sin embargo, también es muy importante que tú también estés pendiente de ti misma, pues si enfrentas bien las circunstancias, esto facilitará muchos las cosas para tu pequeño.

Es fácil sentirse un poco maginado cuando el niño se encuentra en el hospital, pero resulta de gran ayuda te involucres tanto como puedas en la atención del día a día. No dudes en hacer preguntas si no estás segura de lo que está sucediendo: escribe las cosas a medida que te ocurran a usted para que preguntes la próxima vez que tenga una oportunidad.

Trata de que algún amigo o miembro de la familia se encargue de transmitir las noticias al resto de las personas cercanas: esto te ahorrará el esfuerzo de estar llamando a la gente para dar la misma información cuando lo que deseas es estar con tu niño.

Consejos para hablar con tu niño acerca de ser anestesiado

El uso de la anestesia en una operación u otro procedimiento médico representa por lo general una gran preocupación para padres y niños por igual, y puede ser algo difícil de explicar –de manera sencilla– a los más pequeños.

He aquí algunas cosas que podrías decir para que tu pequeño se prepare para esta experiencia:

La anestesia es un sueño muy profundo (pérdida de la conciencia) causada por medicamentos, lo que significa que no puedes oír, ver o sentir nada mientras se efectúe una operación o una prueba.

Usualmente, se puede utilizar una “crema mágica” en las manos o los brazos que ayude evitar el dolor de las inyecciones.

Hay dos maneras de dormirse: con una inyección aplicada en la mano, o inhalando un gas del sueño por medio de una máscara. A veces el anestesista es quien decir cuál es el mejor método, aunque también podría ser posible que uno elija.

El anestesista es un médico que permanecerá contigo todo el tiempo que dura la operación, para vigilarte. Él utiliza un sistema de equipos para monitorearte y asegurarse de que tú estés bien.

Vas a recibir medicina anestésica a lo largo de toda la operación, pues así los médicos se aseguran de que permanezcas dormido. La máquina se apagará cuando termine la operación y tú te despertarás a los cinco minutos.

Por lo general, mamá o papá estarán contigo cuando vayas a dormir y estarán allí de nuevo cuando te despiertes.

Vas a recibir medicamentos para que no te sientas mal o adolorido cuando despiertes y las enfermeras te pueden dar más medicamento si lo necesitas.

Por lo general, el anestesista irá a hablar contigo y tu niño antes de ponerle la anestesia. Evaluará al niño y establecerá un plan para anestesiarlo.

También te dará el chance de hacer las preguntas que consideres convenientes y si el niño todavía sigue ansioso, podrá disponer que le suministren algún medicamento sedante para relajarlo antes de la anestesia.

Consejos para padres y cuidadores de niños con necesidades especiales

Si tu niño tiene necesidades especiales, es muy probable que tú tengas algunas preocupaciones adicionales al momento de sumergirte en los asuntos médicos y los procedimientos.

Es muy común que los niños con necesidades especiales requieran de atención hospitalaria, así sea solo para realizar investigaciones de rutina o tratamientos dentales que se lleven a cabo bajo anestesia general.

Para muchos niños con necesidades especiales, las visitas al hospital o los procedimientos médicos son todo un desafío, y pueden resistirse a cosas como el cambio de rutina, estar en un lugar desconocido con personas desconocidas, la incomodidad de hacer ayuno antes de la anestesia, o simplemente no comprender qué está sucediendo y por qué .

La información general que proporcionan los hospitales no siempre será la apropiada para tu familia. Tú puedes hacer mucho para ayudar a que tu pequeño salga adelante con su tratamiento médico o su visita al hospital:

  • Los niños con trastornos del espectro autista podrían beneficiarse de una “historia social” que les ayude a entender lo que se espera de ellos en el hospital y por qué.
  • Separa o desglosa la visita al hospital en una serie de pasos que podrían ayudar a los niños con otro tipo de dificultades de aprendizaje, pues aunque pueden entender las nociones de “ahora” y “próximo”, puede ser dificultoso comprender una compleja serie de procedimientos de una sola vez.
  • Puedes, incluso, ilustrar un cronograma con símbolos o imágenes y utilizarlo para ir preparando al niño con anticipación, así como en el día en que vayan al hospital.
  • Trata de hablar anticipadamente con alguien de la sala o el departamento específico del hospital para asegurarte de que están al tanto de las necesidades específicas de tu hijo: por lo general, ellos llevan una lista de control para asegurarse de que poseen toda la información que requieren para cuidar de tu pequeño.
  • Si bien esto no siempre es posible, muchas veces los anestesistas y cirujanos tratan de poner a los niños con necesidades especiales de primero en las listas de operaciones, para así minimizar el tiempo de espera al mínimo y reducir el tiempo que deben estar sin comer.
  • Es también posible que el hospital disponga de salas de espera silenciosas o de habitaciones alternas para los niños a quienes se les hace difícil estar en espacios públicos donde hay mucho ajetreo.
  • El personal necesitará saber si tu pequeño requiere de supervisión constante y así poder estar preparado para darle la atención adecuada en caso de que tú tengas que salir de la habitación.
  • Nadie conoce a tu niño como tú y su cuidado será un trabajo en equipo. Por ejemplo, tú puedes ayudar a decidir cosas como el uso de una medicina sedante antes de un procedimiento médico.