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¿Por qué los niños arman pataletas?

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Etiqueta: preescolar, bebés y niños pequeños, independencia, desarrollo emocional

A veces puedes llegar a sentir que los primeros años de vida de tu niño están formados básicamente de una rabieta tras otra, y es muy fácil ceder a éstas, sólo para mantener la calma y dar un descanso a tus oídos.

A menudo, es difícil de definir exactamente qué fue lo que desencadenó la última pataleta, los gritos, por qué tiene las extremidades rígidas; y cuando se llega al fondo del asunto, ya no importa: las razones no siempre parecen tener demasiado sentido.

Una madre nos contó que se vio ante un berrinche de su niño de dos años de edad, que estaba extremadamente molesto porque “mi galleta se quedó dormida y no puedo despertarla”.

Las emociones extremas, realmente intensas, son una de las características de los niños de esa edad (de 2 a 4 años), pues ellos están tratando de entender cómo deben manejar sus sentimientos en diferentes situaciones sociales y las rabietas son una parte natural de ese proceso de aprendizaje.

¿De dónde provienen las rabietas?

Se puede pensar que un niño que está creciendo es cada vez más y más independiente, pero eso no quiere decir que siempre sabrá qué hacer con los sentimientos que experimenta ante situaciones nuevas, bien sea el inicio de la guardería (cuando tienen que aprender a estar por primera vez en un grupo grande de niños), compartiendo los juguetes con otro niño en un lugar de juegos o, incluso, ante la llegada de un nuevo bebé a la casa.

El ser expuestos a una serie de nuevas emociones por lo general genera en los niños de esta edad muchas sensaciones de inquietud y agitación; buena parte de los comportamientos típicos del niño –como los berrinches o el decir “no” a todo–, en realidad no son más que intentos del pequeño de tener un cierto control sobre las cosas y dar sentido a sus sentimientos.

Los niños que están atravesando esta etapa necesitan tanta consistencia como se les pueda dar. Mantener rutinas confiables y una estructura sólida en su cotidianidad –así como límites firmes en términos de lo que es y no aceptable– les ayudará a sentirse seguros y confiados de sí mismos.

Puede que sea difícil mantener tu posición frente a una rabieta de un niño (y más en público, cuando lo que único que deseas es que se detenga y deje de patalear), pero trata de ser consistente y asegúrate de que entienda que “no significa no”.

Quizás no los sientas siempre así, pero cada rabieta o berrinche ayuda a tu niño de 2-4 años a saber más acerca de cómo lidiar con sus emociones y a negociar en situaciones sociales.

Los niños se basan en experiencias pasadas y en las ocasiones en las que se han sentido frustrados o molestos; y van a utilizar esta información de manera natural, para saber cómo manejar las cosas de manera distinta la próxima vez.

Es por ello que, por ejemplo, siempre vale la pena hacer una pausa antes de comenzar a desactivar una rabieta: quizás su pequeño sea capaz de apaciguarse por su propia cuenta.

Si no ocurre así, mantente cerca y ofrécele apoyo y seguridad. Es importante que tu niño sepa que puede buscar a un adulto –sus padres o la persona que lo cuida– cuando se sienta particularmente inseguro o fuera de control.

¿Qué puedo hacer para ayudar?

Mientras más puedas hacer en el día a día para ayudar a tu niño a entender y ponerle nombre a sus sentimientos, mayores serán las posibilidades de evitar una rabieta, en primer lugar.

Por ejemplo, si están leyendo juntos un cuento, habla con tu pequeño acerca de cómo se podrían estar sintiendo los personajes en los distintos momentos de la historia y pregúntale cómo piensa que se sentiría él o qué podría hacer si es que enfrentara a una situación similar.

Las investigaciones han demostrado que la lectura regular historias a los niños les hace tener una mayor compresión de cómo se puede estar sintiendo otra persona.

Si tienes un pequeño que está tratando de afirmar su independencia y siempre quiere hacer las cosas por sí mismo, permítele realizar pequeños trabajos, como ayudar a guardar su propia ropa o limpiar la mesa. Esto le dará un sentido de la responsabilidad y le hará sentir que tienen algún control sobre su mundo. Además, los niños adoran ayudar a sus padres.